A orillas del Estrecho de Magallanes y escoltado por el alto mando de las Fuerzas Armadas, el ministro Fernando Barros anunció un plan de adquisiciones y obras militares que duplicará los montos del periodo previo, descartando de paso cualquier ajuste presupuestario para la cartera. El foco principal del despliegue estuvo puesto en el teatro de operaciones del extremo sur, donde la soberanía depende directamente del control de las rutas marítimas y de la capacidad de operar de forma continua hacia el territorio antártico. Según planteó la autoridad, “los recursos destinados a la defensa se traducen en proyectos concretos, los que se insertan en la planificación superior de la Defensa”, proceso en el que actualmente se define la directiva decenal que guiará las compras militares del país.
Para la Armada, el anuncio central apunta a la renovación de su capacidad aérea de exploración en aguas abiertas. El ministro confirmó que el próximo año “se incorporarán las capacidades necesarias para robustecer la vigilancia de nuestros espacios marítimos mediante la renovación de los aviones de vigilancia de largo alcance de la Armada”. Esta medida busca sostener el patrullaje continuo en los canales y pasos bioceánicos, elevando la fiscalización frente a la flota pesquera extranjera y el crimen organizado en rutas australes. A juicio de Barros, “un avión de combate, un buque, un sistema terrestre o una infraestructura estratégica tecnológica no se decide de un día para otro. Requiere estudio, evaluación, financiamiento, adquisición, preparación del personal, incorporación operacional de la capacidad que se está trayendo. Son procesos que pueden extenderse durante varios años y en muchos casos trascender más allá de un solo gobierno”.
En tierra firme, la proyección naval estará respaldada por obras civiles en la capital regional. El secretario de Estado confirmó que el Gobierno gestiona los fondos para optimizar el soporte de atraque y abastecimiento de los buques, indicando que “las capacidades logísticas marítimas son esenciales para la región austral y antártica. Por eso el Ministerio está gestionando el financiamiento para mejorar la infraestructura portuaria naval en Punta Arenas, una obra que fortalece la proyección de nuestra Armada y que beneficia al conjunto del sector marítimo de la zona”. En esa línea, Barros sostuvo que estas faenas resultan determinantes “para la presencia permanente del Estado en el Estrecho de Magallanes y en los mares australes, y para consolidar a Punta Arenas como principal puerta de acceso al continente antártico”.
El programa presentado en Magallanes integra además las necesidades de las otras dos ramas de la defensa. En la Fuerza Aérea, dijo el ministro Barros, se abrirán los estudios para reemplazar a los cazas F-5 tras medio siglo de vuelo, y también para definir a la máquina que reemplazará a los veteranos helicópteros Bell UH-1H. También se proyecta renovar los aviones C-130 Hércules que sostienen la cadena logística con las bases polares. En el Ejército, en tanto, se actualizarán los sistemas de tiro de los tanques Leopard 1 desplegados en el extremo sur y se evalúa instalar bases permanentes con dotaciones estables. Todo responde a un criterio común que Barros sintetizó ante los mandos: “la defensa no se improvisa, se planifica, se prepara y se construye con una visión de Estado”.
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